lunes, 20 de febrero de 2012

Foucault (teóricos + textos)


Foucault: La Arqueología del Saber – El orden del Discurso – Microfísica del Poder

Foucault recorre en su obra filosófica el camino que va de la arqueología del saber (condiciones de posibilidad de una episteme y sus discursos derivados) a la genealogía del sujeto moderno (construcción del sujeto a través de diversas prácticas de control y vigilancia), del análisis arqueológico de la modernidad, al análisis genealógico de la subjetividad moderna, de las condiciones de producción del hombre moderno.
Foucault comienza hablándonos de un poder que construye saberes para pasar a hablarnos de un poder que construye sujetos y formas de vida.

Si bien Foucault  no resuelve la superación del momento estructuralista y el status de la concepción de discurso de igual modo que los autores denominados “postestructuralistas”, podemos equiparar estas teorías en relación a su carácter crítico hacia la Modernidad.
Es en la etapa genealógica donde las intenciones de Foucault consisten en criticar, particularmente, la “voluntad de verdad” moderna.

Su metodología es la de la problematización. El la define así: “Se trata de conseguir que todo aquello que damos por evidente, que damos por seguro, que se presenta como incuestionable, se torne precisamente problemático, y necesite ser repensado. Es lograr entender el cómo y el por qué algo ha adquirido su status de evidencia incuestionable”.

La Arqueología del Saber - 1969

 La arqueología del saber es un texto metodológico. Foucault reflexiona de qué modo ha realizado sus investigaciones, el origen de la clínica, de la locura, etc. Es un análisis del discurso bajo la forma de archivo. Aparecen los conceptos de enunciado y relaciones de enunciados como modos de entender el funcionamiento del campo de los discursos. Define a la arqueología como el análisis de las condiciones de posibilidad de un discurso, de su contexto de producción, de las reglas que rigen la construcción de un enunciado. Aunque la noción de poder aparece (cuando habla por ejemplo de la exclusión/prohibición), es recién a partir de El Orden del Discurso, cuando el poder se instala y la arqueología pasa a ser genealogía.

En la genealogía, el énfasis está puesto en las condiciones de posibilidad de la emergencia de un discurso o de otro. Pensar las formaciones desde una óptica de las condiciones de posibilidad de su emergencia. El concepto de discurso es central en Foucault. El problema del saber  y la verdad en la etapa de la arqueología. El problema del poder y la verdad en la etapa de la geneaología.

Cambio en el modo de hacer historia o de estudiar la historia

Comienza su texto diciendo que desde hace dos décadas la atención de los historiadores se ha fijado en los largos periodos tratando de sacar a la luz, los equilibrios estables y difíciles de alterar que hay detrás de todas las peripecias. Su concepto central era el de la continuidad. En provecho de las estructuras más firmes borraban la irrupción de los acontecimientos.

Actualmente, los historiadores han podido distinguir capas sedimentarias con rupturas que sustituyeron a las sucesiones lineales. Buscan detectar las incidencias de las irrupciones.  Se paso de la linealidad a la diversidad de estratos o de estructuras. Se busca un nuevo tipo de racionalidad y de descifrar sus múltiples efectos. Se privilegia la ruptura sobre la continuidad. A partir de una ruptura emerge una nueva racionalidad.

Revisión del valor del documento.
Introducción

Tradicionalmente, el objetivo del documento era reconstruir el pasado. Interpretar el pasado. Verificar la validez del documento. Considerado como memoria colectiva. Poseía el estatuto de registro. La historia era la memoria de los hechos mismos que se registraban en un documento, que debía ser validado, que remitían a un pasado, un hecho, un monumento. Se intentaba llegar a los hechos mismos. El objetivo era reconstituir a partir de lo que dicen los documentos el pasado del que emanaban.

Actualmente la historia ha cambiado de posición respecto del documento. Se atribuye como tarea principal trabajarlo desde el interior y elaborarlo. La historia lo organiza, lo recorta, lo ordena. El documento ya no es una materia inerte, trata de definir en el propio tejido documental unidades, conjuntos, series, relaciones. Hay que dejar afuera el pasado como monumento. El documento es un tejido que reorganiza el pasado. Nunca se llega a los hechos mismos, al pasado. No pensar en cómo fueron los hechos sino pensar qué operaciones se realizaron, qué relaciones se establecieron, qué series se formaron, qué unidades se establecieron.

Consecuencias:
- Reactualización de periodos extensos. Fijar series y sus límites.
- Paso de la continuidad a la discontinuidad. La discontinuidad constituye una operación del historiador. El historiador intenta descubrir los límites de un proceso, el punto de inflexión. La discontinuidad adopta una forma y una función en esta nueva manera de hacer historia. Es un concepto operativo.
- La posibilidad de una historia global comienza a borrarse. Comienza a esbozarse en su lugar una historia general. Se consideraba la historia como un conjunto de civilizaciones, coherente, reducidas a una lógica común, a un principio simple, una linealidad. Actualmente, la nueva tendencia es determinar los juegos de series, qué sistemas forman, distintas instancias y sus relaciones, basado en un espacio de dispersión.
- Nueva metodología. No transferir a la historia un método estructuralista sino desplegar principios y consecuencias de una transformación en el saber histórico. No utilizar categorías de las totalidades culturales para imponer un análisis estructural. Establecer un método de análisis histórico librándose del antropocentrismo. Formular nuevos instrumentos.

Continúa su texto hablando de los dos descentramientos que ha sufrido el sujeto. El del marxismo y el del psicoanálisis. F. afirma que debemos desatar las últimas sujeciones antropológicas.

Las unidades del discurso
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       
Hay que librarse de nociones que suponen continuidades. Se trata de analizar conjuntos de enunciados que en la época de su formulación estaban distribuidos, dispersos y caracterizados de una manera totalmente distinta. Por ej. ni la literatura ni la política articulaban el campo del discurso en los siglo XVII o XVIII como lo han hecho en el siglo XIX.

Jamás es posible asignar en el orden del discurso la irrupción de un acontecimiento verdadero. Más allá de todo comienzo aparente hay siempre un origen secreto y tan originario que no se le puede nunca captar del todo. Todo discurso reposa sobre un discurso ya dicho. Cuando habla de un discurso "ya dicho" no se refiere a que haya sido pronunciado sino como un discurso sin cuerpo.

En el análisis histórico hay que estar dispuesto a acoger cada momento del discurso en su irrupción de acontecimiento. En la coyuntura aparece la dispersión temporal. El acontecimiento es único pero será repetido, sabido, olvidado, transformado, reactivado y borrado. No hay que devolver el discurso a la lejana presencia del origen, hay que tratarlo en el juego de su instancia. En la descripción de los acontecimientos del discurso debemos preguntarnos: ¿Cómo es que ha aparecido tal enunciado y ningún otro en su lugar?

Las formaciones discursivas

F. propone el término formación discursiva para reemplazar el concepto de unidad.  Las unidades discursivas tienen reglas que hacen posible la aparición, permanencia, singularidad y la transformación de un objeto. Cuando en esta descripción de los sistemas de dispersión encontramos entre cierto número de enunciados, conceptos, elecciones temáticas, una regularidad, se dirá que se trata de una formación discursiva. A las condiciones a las que están sometidos los elementos de esa repartición (objetos, modalidad de enunciación etc.) se les llamará reglas de formación. Son condiciones de existencia  en una repartición discursiva determinada. Hay que buscar en la dispersión la regularidad: el orden de aparición, la simultaneidad, las posiciones en un espacio común, un funcionamiento recíproco.

Lo que se ha descripto con el nombre de formación discursiva son en sentido estricto grupos de enunciados. Conjuntos de actuaciones verbales que no están ligadas entre sí al nivel de las frases por lazos gramaticales, ni al nivel de las proposiciones por lazos lógicos, ni psicológicos. Están ligadas al nivel de los enunciados. Es el sistema general enunciativo al que obedece un grupo de actuaciones verbales. Un enunciado pertenece a una formación discursiva como una frase pertenece a un texto. Se llamará discurso a un conjunto de enunciados en tanto que dependan de la misma formación discursiva.

Nosotros vimos un concepto de formación discursiva en Pêcheux, que sería como un discípulo de Althusser, que también habla de formaciones discursivas y las define como lo que determinan lo que puede y lo que debe ser dicho.  Configura el campo de enunciados posibles sin que el hablante se percate de ello.  Sin que sea consciente de que es hablado por una formación discursiva.  La noción de formación discursiva de Foucault no es exactamente la misma pero no deja de tener, sin embargo, puntos de contacto: reglas para la formación de objetos y de enunciados.  Pero también está esta idea de que hay una formación discursiva que nos habla y por la cual estamos atravesados, pese a lo cual vivimos creyendo que somos cada uno de nosotros los que definimos qué decir y con qué alcance.  

El sujeto se constituye en el discurso.  Se aproxima mucho a lo que dice la teoría de la enunciación, por lo menos, de Benveniste en adelante, que dice que el sujeto se constituye como tal en y por la enunciación.  No está antes y por fuera de los procesos enunciativos sino que es sujeto es el que puede decir YO.  Ahí es como se constituye como sujeto. Cuando Foucault dice que el sujeto se constituye en el discurso, está planteando algo semejante a lo que la teoría de la enunciación.


El Orden del discurso - 1970

De lo que habla Foucault en El orden del discurso es de los dispositivos que desde afuera o desde adentro del discurso, sirven para darle un orden al campo de las significaciones posibles en la vida social.  Luego, en las entrevistas que hay después de El orden del discurso de Foucault, se puede leer, además de su concepción general del problema del poder y del efecto de verdad en el discurso, también están las definiciones de Foucault respecto del marxismo y del psicoanálisis y se ve cómo es crítico de ambas. 

Quienes se han dedicado a analizar la obra de Foucault dicen que podría decirse que es una obra vertebrada, organizada alrededor de dos grandes interrogantes:

1.      La pregunta por el saber y el desarrollo de un método que es el arqueológico y
2.      La pregunta por el poder y el desarrollo de un método denominado genealógico.

Hay dos etapas, entonces, en la producción teórica de Foucault: 1954 – 1969, que tiene que ver con la pregunta por el saber; y la etapa de la pregunta por el poder que se abre con El orden del discurso, que es de 1970.  Aquí también entra Vigilar y castigar y lo que alcanza a desarrollar de la Historia de la sexualidad.  En 1984 lo sorprendió la muerte y la Historia de la sexualidad quedó inconclusa.

En esta segunda etapa de su producción, él dice que el concepto de poder ha sido un concepto implícito a lo largo de todo su trabajo.  A nosotros nos interesa traer a Foucault para pensar las relaciones de poder y su relación con el discurso.  En realidad, lo que hay en el conjunto de la producción de Foucault es una serie de conceptos que están estrechamente vinculados entre sí, que se van implicando recíprocamente: saber, discurso, poder.  Aparecen en Foucault y con el concepto de discurso jugando un papel articulador, jugando un rol especial.

Sin embargo, no es fácil encontrar definiciones explícitas respecto de lo que Foucault entiende por discurso.  Al mismo tiempo es una categoría que aparece en Foucault muy marcada por lo que han sido sus propias investigaciones: la locura, la clínica, el castigo, la sexualidad, etc.  Justamente, por tratarse de esos objetos de investigación, podríamos suponer que piensa el discurso, fundamentalmente, como lo verbal porque, tratándose de investigaciones que se preocupan por establecer qué significación se le atribuye socialmente en determinado momento a la locura, o a la sexualidad, él conforma un cuerpo de textos escritos.  No puede recuperar de otra forma las significaciones que circularon en el pasado. 

Sin embargo, el discurso atraviesa los cuerpos y se inscribe en ellos.  Es decir, va más allá de lo verbal y tiene que ver con el modo en el que socialmente se instituyen significaciones.  Por ejemplo: le interesa saber cómo se instituye y cómo fue modificándose la significación locura.  En ningún momento se propone saber qué es la locura en sí misma, sino que la concibe como una significación histórica contingente y cambiante, y analiza porqué en determinados momentos se instituye en tal significación y no en otra.  O sea, le interesan los procesos discursivos como procesos de construcción de significaciones.  Se enmarca en una perspectiva anti-esencialista (Derrida) o anti-sustancialista.  La idea de que no podemos develar lo que las cosas son, sino más bien qué significan.  Remarca dos características del discurso que le parecen importantes:

A.     Tiene el carácter de un acontecimiento, de un suceso.
B.     Posee cierta materialidad.

Estas características vuelven al discurso peligroso, dice Foucault, y por eso en este texto – que es El orden del discurso – va a hablar de los procedimientos de control que las sociedades establecen para conjurar los peligros que significan los discursos.  Es un suceso porque cualquier discurso implica una cierta irrupción en el tiempo que introduce aunque sea una mínima discontinuidad.  Siempre hay un elemento de novedad: “un enunciado es un acontecimiento que la lengua no puede agotar, se repite el mismo enunciado y el significado varía.  No es posible repetirlo. 

Nos encontramos aquí con una idea que está presente en otros autores, aunque de otra manera.  En Pêcheux la categoría discurso va más allá de la lingüística.  No solamente porque el discurso va más allá del límite de la frase y se ocupa de encadenamientos trans-oracionales, sino también porque el discurso supone siempre un uso situado del lenguaje, supone unos arranques que están ubicados en un tiempo y en un lugar.  Un contexto social que es constitutivo, que no es algo haya que agregar después, sino que hay que tenerlo contemplado desde el vamos.

Este carácter de acontecimiento que le atribuye Foucault al discurso es lo que lo llevó a distanciarse del estructuralismo.  En algún momento de El orden del discurso, Foucault se hace cargo de que lo han llamado estructuralista y dice que el estructuralismo ha sido un esfuerzo sistemático por evacuar la noción de suceso, de acontecimiento.  Lo pensable era la estructura.  Detrás de la multiplicidad de fenómenos que aparecen entre nosotros, se buscan estructuras invariantes.  Él, sin embargo, señala la necesidad de pensar los acontecimientos, los sucesos.  En ese sentido, nadie es más anti – estructuralista que él.

Foucault no cree tampoco que sea posible un análisis inmanente de los discursos.  No se puede analizar al discurso mismo tratando de encontrar lo que sería su sentido último.  A Foucault le interesa establecer las condiciones de posibilidad de un discurso.  Es decir, la pregunta que se formula a través de su método arqueológico es porqué, en un determinado momento y en un determinado lugar, apareció tal discurso y no tal otro.  Es completamente diferente al análisis que haría la lingüística, que, frente a un enunciado, intentaría inferir las reglas con las que fue construido.  Inferidas esas reglas, podría decir que son muchos los discursos que podrían producirse.  El mecanismo de análisis sería poner en relación a un discurso con sus condiciones de posibilidad, concepto que tiene algún parentesco con el de condiciones de producción.

Hay un punto que conviene mencionar porque está desarrollado en los propios textos.  Cuando lean a Laclau, verán que formula una crítica a Foucault por sostener la existencia de algo que es extra-discursivo.  Por establecer una distinción entre discurso y lo que no es discurso.  Laclau – que tiene un concepto muy amplio de discurso y que cuestiona la idea de lo extra-discursivo – dice que ahí hay una suerte de incongruencia.  Hay distintas maneras de interpretarlo.  En un momento de La arqueología del saber, Foucault dice: “Buscamos comprender cómo los enunciados pueden articularse sobre acontecimientos cuya naturaleza no es discursiva, y pueden ser de orden técnico, práctico, económico, social, político, etc.  Buscamos describir un juego de relaciones entre acontecimientos discursivos y otros sistemas exteriores a él”.  

Caletti planteó varias veces que, quizá, también pueda reinterpretarse esto como una distinción metodológica: las condiciones de posibilidad son, por definición, exteriores a la formación discursiva que uno está analizando y que, por eso, pueden llamarse extra-discursivas pero que, sin embargo, también podrían ser considerados otros discursos anteriores, que han sido condiciones de posibilidad.  Si lo analizamos de esta forma, es una distinción metodológica y tendría menos peso la crítica de Laclau.

El orden del discurso es un texto de 1970.  Al principio, hace una serie de afirmaciones: frente a ese poder de enunciación infinito que creemos tener, diría Pêcheux, frente a la ilusión del sujeto de ser origen del sentido, frente a la idea de “yo digo lo que quiero”, frente a la idea que viene de la lingüística saussureana tradicional de que la lengua es reglada pero el habla es libre, es el campo de expansión de la libertad del sujeto, frente a esa idea, Foucault dice que no es posible hablar de todo y en cualquier circunstancia.  Dice que cualquiera no puede decir cualquier cosa.  El discurso, que tiene carácter de acontecimiento, que posee una materialidad que le es propia, implica un peligro, porque está íntimamente relacionado con el poder.  Entonces, todas las sociedades han desarrollado procedimientos de control del discurso.  Mecanismos de exclusión que buscan limitar de distinto modo los discursos posibles.

También señala la relación estrecha que existe entre discurso y poder.  El discurso no traduce las luchas de poder sino que es aquello por lo que se lucha.  Las operaciones discursivas son constitutivas de las relaciones de poder.  Es decir, Foucault no está preocupado por el discurso del poder sino por el poder del discurso.   

Habla de tres grandes tipos de sistemas de exclusión por el control:

A.     Procedimientos externos o prohibiciones
1)      La palabra prohibida
2)      La separación de la locura
3)      La voluntad de verdad.

B.     Procedimientos internos
1)      El comentario
2)      El autor
3)      Las disciplinas.

A.     Procedimientos externos o prohibiciones.

No les atribuye la misma jerarquía.

A.     1) La palabra prohibida.  No se puede hablar de todo.  Existen determinados tabúes.  Este principio varía dependiendo de las sociedades.  Foucault dice que están fundamentalmente relacionados con el campo de la política y la sexualidad.  Los campos que tienen que ver con el poder y con el deseo.  Allí es donde aparecen estos tabúes, incluso en sociedades como las nuestras que parecen más “liberales”.

A.     2) La separación de la locura.  Es decir, cómo se ha ido construyendo históricamente la oposición razón – locura y cómo se ha ido separando la palabra del loco, de distintas maneras.  Ya sea considerándola una palabra nula, que no tiene valor, por ejemplo, en un proceso judicial sería declarado nulo el testimonio de un loco.  O bien, separándola de la razón, dándole un testimonio privilegiado como revelador de verdades secretas que hay que interpretar, pero que está ahí.  En cualquier caso, separación de la locura de la razón.  Una separación que es variable históricamente.

A.     3) La voluntad de verdad es la más importante de todas.  Por lo menos, para Occidente moderno ha ido ganando en importancia y han ido derivando hacia ella o condensándose en ella los demás procedimientos de control

Estos mecanismos tienen que ver con la separación de lo verdadero y de lo falso.  Esto nos vincula con la concepción de la verdad en Foucault.  Naturalmente él piensa que el problema de la verdad es un problema interno a la producción discursiva.  Nunca escribiría verdad con mayúscula o con minúscula.  La verdad es lo que ha construido cada sociedad en cada momento y eso ha ido variando en el tiempo.  La importancia de la existencia de un régimen de verdad o de una política de verdad.  Un régimen de verdad es un conjunto de reglas que sirven para distinguir los enunciados verdaderos de los enunciados falsos.  Lo que resulta creíble y lo que resulta increíble.  En eso consiste la verdad, en un conjunto de procedimientos, reglamentos para la producción, circulación y funcionamiento de los enunciados.

¿Por qué es un mecanismo de control del discurso y de los más importantes?  Porque no se puede decir cualquier cosa y porque lo que uno dice, para que sea tomado en serio, tiene que decir la verdad.  Ahora, esto para Foucault quiere decir someterse al régimen de verdad, a la política de verdad que está vigente en ese momento, en ese lugar.  Obviamente que esto tiene también efectos de poder.  Es una sociedad entera la que, de distinto modo, con distinta participación de diferentes actores, construye históricamente un régimen de verdad. 

Esto está vinculado con la discusión de Foucault respecto del papel de los intelectuales:

·         intelectual universal
·         intelectual específico.

El intelectual universal quería convertirse en voz de los que no tienen voz.  Intervenía desde su posición de intelectual, desde los más diversos asuntos y, en gran medida, esa intervención era mediante una crítica ideológica del contenido.  Está pensando, por ejemplo, en Sartre, que interviene en la vida pública, se compromete, pero como una especie de agente que se encargaba de crear conciencia a donde no la hay.

Frente a eso, Foucault defiende la idea de un intelectual específico, que no intenta intervenir en todos los asuntos, sino en los que son de su incumbencia.  El intelectual no debe criticar contenidos ideológicos sino que debe intentar constituir una nueva política de verdad.  Es fundamental trabajar sobre el régimen de verdad vigente.  Discutir la política de verdad de una sociedad.  Piensa, por ejemplo, en los físicos que se han convertido en militantes por la paz o contra el desarrollo del armamentismo y, seguramente, se está pensando a sí mismo. Por último afirma que hay que pensar los problemas políticos de los intelectuales no en términos de ciencia/ideología sino de verdad/poder.

B.     Procedimientos internos.

Luego, habla de procedimientos internos porque, en este caso, son los discursos mismos los que ejercen su control.  En general, estos mecanismos permiten producir discursos.  No sólo impiden o censuran sino que tienen un papel productivo pero en el marco de ciertas restricciones.  Posibilita la aparición de discursos pero siempre sometidos a ciertas reglas. 

B.     1) El comentario.  Hay discursos que se dicen una vez y listo y otros que son comentados, por ejemplo, la interpretación de la ley o la interpretación de los textos sagrados.  Son comentarios que quieren controlar las interpretaciones posibles

B.  2) El autor va a criticar la idea de que se utilice la idea de otro como principio de reagrupamiento de ciertos discursos.  Es otra ilusión esta idea de autor.  Sería una especie de prolongación de la idea de que el sujeto es origen del sentido.  Para entender un discurso hay que remitirse a todo un campo de otros discursos y no a la vida, las circunstancias existenciales de un autor determinado.  F. Considera al autor, no como el individuo que habla y que ha pronunciado o escrito un texto, sino como principio de agrupación del discurso, como unidad y origen de sus significaciones. Existen bastantes discursos que circulan sin poder atribuirle su sentido o su eficacia a un autor en particular.

B. 3) Las disciplinas, por ejemplo, las científicas, la biología, la botánica.  Las disciplinas disciplinan, reglan, forman.  Se definen por un ámbito de objetos, conjunto de métodos, etc. Permiten la proliferación de discursos pero en un marco fuertemente reglado. Son un principio de control de producción de discursos.

Por último, hay procedimientos de selección de los sujetos que hablan que son, al mismo tiempo, procedimientos de selección de los sujetos que escuchan.  Hay sujetos que hablan, otros que escuchan, etc.  Aquí incluye los rituales: rituales religiosos, judiciales y políticos.  Por ejemplo: los rituales del discurso parlamentario.  O sea, son casos en los que existe una cierta puesta en escena a la que hay que someterse.

Habla de sociedad y de discurso.  Todavía hay sociedades de discurso en el sentido de que hay ciertas sociedades que siguen manteniendo los discursos en un grupo cerrado.  Son grupos doctrinarios.  Es propio de toda doctrina distinguir entre ortodoxos y herejes y condenar la herejía. 

Por último, adecuación social del discurso.  Aquí habla del papel fuerte que cumple la educación.  En nuestras sociedades, la educación parece como un lugar que posibilita a muchos el acceso a determinados discursos.  Sin embargo, la educación en todos lados está ligada a determinadas luchas sociales.

Respecto de las cuestiones metodológicas:
En la historia tradicional de las ideas para el análisis se buscaba el punto de la creación, la unidad de la obra, de una época o de un tema, la marca de la originalidad individual y el tesoro indefinido de las significaciones dispersas. Las nociones dominantes fueron: significación, originalidad, unidad y creación. Propone reemplazarlas por: condiciones de posibilidad, regularidad, serie y acontecimiento.
Lo importante es que la historia no considere un acontecimiento sin definir la serie de la que forma parte, y sin intentar conocer la regularidad de los fenómenos. El acontecimiento consiste en la relación, intersección, selección de elementos materiales.


Microfísica del poder

Foucault confiesa que El Orden Del Discurso fue un texto que escribió en un momento de transición. Hasta ese momento aceptaba la concepción tradicional del poder como mecanismo esencialmente jurídico. Años más tarde la consideró inadecuada. Cuando estudió el caso de la penalidad se convenció de que el análisis no debía hacerse en términos de derecho, sino en términos de tecnología, de táctica, estrategia etc. Esta sustitución de un esquema jurídico y negativo por otro técnico y estratégico es lo que ha intentado elaborar en Vigilar y Castigar y La Historia de la sexualidad.

En verdad y poder, Foucault se refiere a su relación con la noción de ideología: “La noción de ideología me parece difícilmente utilizable por tres razones.  La primera es que, se quiera o no, está siempre en oposición virtual a algo que sería la verdad.  Ahora bien, yo creo que el problema no está en hacer la partición entre lo que, en un discurso, evidencia la cientificidad y la verdad y lo que evidencia otra cosa, sino ver históricamente cómo se producen los efectos de verdad en el interior de los discursos que no son en sí mismos ni verdaderos ni falsos.  Segundo inconveniente, es que se refiere, pienso, necesariamente a algo como a un sujeto.  Y tercero, la ideología está en posición secundaria respecto a algo que debe funcionar para ella como infraestructura o determinante económico, material, etc.  Por estas tres razones, creo que es un noción que no puede ser utilizada sin precaución”.

Implica un sujeto. Supone el par infraestructura - superestructura.  Piensa en que hay un orden material que es reflejado en un orden superestructural.  ¿Cómo se relaciona esta crítica con los otros autores?  Evidentemente, estos supuestos que lo llevan a él a descartar esta noción de ideología tiene que ver con la noción más clásica de ideología.  El concepto ha sido objeto de múltiples críticas y reformulaciones.  Hay autores que prefieren descartarlo, como es el caso de Foucault y otros que prefieren reformularlo.  Laclau compartiría, en buena medida, estas objeciones que plantea Foucault; sin embargo, él en Muerte y resurrección de la teoría de la ideología redefine y termina por completo y se abre mucho de lo que era la noción clásica.  Pêcheux no es tan absoluto, pero rescata la idea de formaciones ideológicas, pero lo plantea de otra manera.

Respecto de la noción de sujeto, Foucault cree que el sujeto es un efecto del discurso.  El sujeto se constituye en el discurso.  Como otros autores, no cree en esa ilusión del sujeto como origen del sentido, el que decide qué decir.  Foucault piensa que creemos que hablamos los discursos pero, en realidad, somos hablados por los discursos.  Necesariamente debemos inscribirnos en una red de discursos que nos antecede y nos excede.  Somos un punto en esa red de discursos. 

Por razones semejantes a las que rechaza la noción de sujeto como sujeto libre, como voluntad soberana, va a rechazar la noción de autor.  Cualquier texto debe ser inscripto, para ser comprendido, en una serie de discursos.  Se inscribe en una red de discursos y allí es donde adquiere su sentido.  Esto no tienen nada que ver con las intenciones de un sujeto hablante. 

Respecto de la noción de poder, afirma que se construye y funciona a partir de poderes de multitud de cuestiones y de efectos de poder. Es este el dominio complejo que hay que estudiar. El poder no es independiente, no puede descifrarse sin tener en cuenta el proceso económico y las relaciones de producción. La idea de que la fuente del poder estaría en el Estado ha agotado su fecundidad histórica. El proceso inverso me parece más rico. Cada relación de poder reenvía a un campo político del que forma parte. Una política es una estrategia más o menos global que intenta coordinar y darles un sentido a estas relaciones de fuerza.   Foucault especula acerca de porqué fue enunciada tardíamente esta noción y había impedimentos políticos para pensarlo.  Desde la derecha, se hablaba del poder en términos de soberanía, en términos de ley.  La derecha denunciaba el totalitarismo soviético.  Desde la izquierda, se hablaba del poder en términos de aparato de Estado.  Se denunciaba la dominación de clase.  Pero no se podía pensar en los mecanismos concretos de funcionamiento del poder, sus tácticas y estrategias concretas.  Fue a partir del Mayo Francés de 1968 donde se dieron las condiciones que hicieron posible otro tipo de reflexión acerca del poder.  El poder no es un atributo.  No es algo que se tiene o no se tiene.  No es una potencia de la que algunos estarían dotados y otros no.  El poder es el nombre que le damos a una relación.  El poder nombra una relación.  El poder alude al estado de una relación de fuerzas.  Relación que, por definición, es desigual, es asimétrica.  El poder circula.  En esta concepción que está proponiendo, el poder no es algo que se posee sino que circula

En segundo lugar, el poder no tiene un lugar fijo.  No tiene unas sedes claramente localizables.  No es un conjunto de instituciones o de aparatos.  El poder está en todos lados.  Hay que prestar atención a las microfísicas del poder, es decir, a la presencia de esas relaciones asimétricas de fuerza en la familia, en la vida cotidiana, en el trabajo.  En todos los ámbitos.  El problema es que la concepción tradicional del poder privilegiaba ciertos ámbitos y subestimaba otros.  El poder está en todos lados y funciona a través de una organización reticular.  Debe su eficacia a su irrigación capilar, haciendo una suerte de analogía con el sistema circulatorio.  El poder se irriga capilarmente, atraviesa todas las relaciones sociales, incluso las que antes eran consideradas menos significativas.

Entonces, si el poder está en todos lados, está señalando que para dar pelea, no hay un lugar privilegiado.  Hay que dar pelea simultáneamente en múltiples frentes, donde también están en juego las relaciones de poder. 

En tercer lugar, añade que el poder está constituido por una red de consensos.  Supone el reconocimiento que cada uno hace del lugar que ocupa el otro.  Hay una complicidad que compromete a todas las partes, a los que podríamos considerar dominantes y dominados.  Hay cierta complicidad sin la cual no se mantendría esa relación asimétrica de fuerzas.  No es una imposición unidireccional de arriba hacia abajo.  La nota que añade Foucault – y esto se vincula con la crítica a la noción de ideología: dice Foucault que el poder no es una superestructura.  No está subordinado a un modo de producción.  No es un epifenómeno.  Toda economía presupone mecanismos de poder que son (inmanentes) constitutivos de ese sistema económico.  No está primero el modo de producción y luego esto se refleja en determinadas relaciones asimétricas de poder.  Sino que forman parte inseparable de las relaciones económicas.

No hay poder sin resistencia.  Siempre en esa relación asimétrica de fuerzas hay modos de resistencia al poder.  No hay afuera.  Que siempre se esté adentro no quiere decir que la dominación sea imposible de modificar.  Hay resistencias múltiples y esas múltiples resistencias se pueden integrar en estrategias globales. 

No hay que tener del poder una concepción negativa, como lo que reprime, censura, impide; sino una concepción positiva: el poder produce, no sólo prohíbe, produce.  Por ejemplo: la producción de discursos, pero siempre en el marco de fuertes resistencias.  Pero no sería tan eficaz y no se podrían sostener las relaciones de poder si simplemente se limitaran a prohibir.  Esto sería pasar de una concepción negativa a una positiva, algo vinculado con el punto anterior.

A Foucault le interesa subrayar que el hecho de que el poder circule no opaca las asimetrías.  No es que minimiza la dominación sino que demuestra porqué es eficaz.  Es eficaz porque es capilar, porque existen microfísicas del poder.  Eso es lo que lo hace eficaz.  Su articulación con otras relaciones.  Las relaciones micro con las relaciones macro.

Una referencia a la relación poder – discurso.  Es una relación compleja, porque el discurso puede estar, al mismo tiempo, reforzando las relaciones de poder y puede estar minando las relaciones de poder instituidas.  No hay una relación simple.  En este sentido, Foucault piensa de la relación discurso – poder algo semejante de lo que piensa respecto de la relación discurso – verdad. 

Cada sociedad tiene su régimen de verdad, su política general de la verdad, los tipos de discurso que acoge y hace funcionar como verdaderos, los mecanismos e instancias que permiten distinguir los enunciados verdaderos o falsos, la manera de sancionar unos u otros etc.

Ante la pregunta de si el marxismo y la fenomenología constituyeron un obstáculo, responde que podría decirse que sí en la medida en que es verdad que las personas de su generación han estado alimentadas cuando eran estudiantes con esas dos formas de análisis: una que reenvía al sujeto constituyente y otra que reenvía a lo económico en última instancia. Respecto de la metodología, afirma que es preciso desembarazarse del sujeto constituyente para llegar a un análisis que pueda dar cuenta de la constitución del sujeto en la trama histórica, la constitución de los saberes, los discursos, sin tener que referirse a un sujeto que sea trascendente en relación al campo de los acontecimientos.


Fuentes utilizadas además de los textos y mis apuntes de téoricos:

http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/pastor46.pdf
http://comu-3.blogspot.com/2010/11/teorico-11-foucault-nocion-de-discurso.html

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